Estrés en perros


El estrés es algo que se ha puesto muy “de moda” en humanos. Todos en algún momento decimos estar estresados por que tenemos mucho trabajo, o por que algo a lo que nos enfrentamos nos supone un reto y nos está costando sacarlo adelante. El estrés forma parte de nuestras vidas. Pero, ¿y de la de nuestras mascotas?

Nuestras mascotas en general, y los perros en particular, también sufren de estrés. Los perros han sido seleccionados por el hombre para trabajar conjuntamente con nosotros: para protegernos, proteger nuestras pertenencias, pastorear, cazar, tirar de una carga, etc. Hasta hace unos años los perros trabajaban. Incluso los perros más pequeños, como los yorkies o los bichones, tenían una función que ahora no realizan. Sin embargo, de un tiempo a esta parte, en las sociedades más “desarrolladas”, el papel fundamental del perro es el de mascota. Nuestros perros, que hasta ahora pasaban horas haciendo algo, ahora pasan muchas horas solos en casa, aburridos, encerrados en espacios, que por muy grandes que sean, tienen cuatro paredes y, al cabo de un tiempo, no aportan ningún estímulo nuevo a nuestros amigos.

Mi querido Lolo padece estrés. Una de sus manifestaciones es su postura favorita: en esfinge. Así se coloca para dormir. No es una postura muy relajada, ¿verdad?

A todo ello hay que añadir que, desafortunadamente, no todo el que tiene un perro, sabe lo que tiene entre manos. Muchas personas tratamos a los perros como juguetes o niños; no queremos que se manchen, no queremos que huelan cosas que nos parecen asquerosas, no les dejamos experimentar con su entorno u otros animales, les hablamos sin parar como si entendiesen nuestro lenguaje mientras con nuestros gestos, que sí que entienden, les decimos otras cosas. Nuestro manejo del perro está lleno de contradicciones e incongruencias. ¡Decidme si todo esto no el estresante!

El estrés es un mecanismo fisiológico natural en los animales, incluído el humano por supuesto. Consiste básicamente en activarnos para afrontar situaciones novedosas o difíciles o que suponen un peligro o amenaza para nuestra supervivencia: aumenta la tensión arterial, el ritmo cardiáco y la frecuencia respiratoria, se dilatan las pupilas, aumenta el nivel de cortisol en sangre. Es algo así como meter el turbo. Pero es un mecanismo que no debería estar constantemente activándose, por que demanda muchos recursos del organismo y lo agota. Tampoco es un mecanismo que deba permanecer activo mucho tiempo, por la misma razón. Siguiendo la analogía, el turbo es algo que debemos utilizar sólo de vez en cuando y durante un tiempo limitado para afrontar una determinada situación.

Lulú y su hermano en la pasada Feria de Adopción de Alcobendas rodeados de niños. ¡Una situación muy estresante!

El estrés no es malo en sí mismo. Es un mecanismo que nos permite, y permite a nuestros perros, reaccionar rápida y eficazmente en situaciones que ponen en juego nuestra supervivencia. El problema llega cuando, como hoy en día, no proporcionamos a nuestro perro la riqueza ambiental necesaria para que aprenda qué estímulos son normales y cuales no y qué estrategias aplicar en cada caso. Así tenemos perros que rascan durante horas el suelo para salir de donde estén, algo que no les lleva a ninguna parte, pero siguen haciendo, literalmente, como si les fuese la vida en ello; perros que agreden cuando su cuidador los manipula (como Lolo); perros que ante ruidos cotidianos (el tráfico por ejemplo) se paralizan y tiemblan; perros que se pasan la tarde ladrando a todo el que pasa delante de la puerta, aunque lo hagan de forma civilizada (ésto es un no parar si vives en un bajo como yo); perros que, en definitiva, se pasan el día “activados” ante cualquier estímulo, por mínimo y cotidiano que sea, y nunca llegan a relajarse del todo.

Los efectos del estrés sobre la salud mental y física de nuestro perro pueden ser muchos: depresión, ansiedad, indefensión aprendida, aumento de la agresividad y el miedo (ya que se reducen los umbrales para los estímulos que los provocan), alteración del sueño, alteraciones en el sistema inmunitario (que se debilita), problemas de aprendizaje, de memoria, en perros jóvenes afecta al crecimiento, hipertensión, caída del pelo y un largo etcétera. En definitiva, una mala gestión del estrés puede estar detrás de muchos de los problemas físicos y de comportamiento de nuestro perro.

Hay muchos signos que pueden indicarte si tu perro sufre estrés. Todos ellos se pueden dar en contextos donde sean lícitos, es decir, tengan realmente una función adaptativa, pero también se dan, con mayor frecuencia e intensidad, en situaciones que estresan a nuestro perro. En el estrés siempre hay un estímulo (ruidos, objetos, niños alborotadores) que desencadena éstas reacciones que describo a continuación.

  • ¡Está sonriendo! No. Está estresado. Éste fue uno de los primeros viajes en tren de Luca.

    Lamerse el hocico. Si ante un estímulo nuestro perro comienza a lamerse el hocico reiteradamente, de un lado y luego del otro, es probable que sea un indicio de que ese estímulo le estresa. Por ejemplo, Lolo se lame así cuando lo acaricias. Le estresa que lo toquen y lo manipulen.

  • Bostezar. El bostezo fuera de su contexto (me acabo de levantar de una buena siesta, por ejemplo) también es un signo de estrés.
  • Actividad excesiva. Nuestro perro no para quieto, va de un lugar a otro constantemente, deambulando por la casa. Básicamente, le cuesta estar relajado y tranquilo.
  • Sacudirse. Igual que hacen cuando están mojados. Sin embargo si nuestro perro, ante un estímulo, se sacude varias veces es señal de que aquello le estresa. Ojo, si la sacudida es persistente revisa los oídos a tu perro, !tal vez tenga otitis!
  • Babear. Evidentemente hay situaciones en las que es normal que nuestro perro babee, por ejemplo, cuando nos mira mientras nos comemos un churrasco. Babear ante situaciones novedosas es indicador de que nuestro perro está estresado.
  • Jadear. Éste es un signo que se malinterpreta fácilmente, por que cuando un perro jadea a menudo parece que está “sonriendo” y solemos interpretarlo en términos humanos: está disfrutando. Nada más lejos de la realidad. Si no hace calor o tu perro no acaba de estar corriendo como un loco, observa tu entorno;

    Evitar las situaciones que nos estresan no es la solución; hay que aprender a afrontarlas. ¡Ahora Luca viaja en tren así de relajado!

    seguramente habrá algo que haya provocado estrés en tu perro. Luca, por ejemplo, jadeaba sin parar cuando viajábamos en coche. Ahora ya se ha acostumbrado e incluso viaja a menudo conmigo en tren tan tranquilo.

  • Rascarse y/o acicalarse. Evidentemente si le pica algo se rascará. De igual forma es normal que tu perro se lama las patas y sus genitales como parte sus hábitos de higiene. Pero si pasa rato haciéndolo, observa si hay algún desencadenante en el entorno.

A grandes rasgos para ayudar a nuestro perro a afrontar el estrés debemos evitar la sobreprotección y dejar que desde joven se enfrente a los estímulos de su entorno, así tendrá más recursos para enfrentarse a las novedades futuras; debemos proporcionarle sesiones regulares de ejercicio y juegos colaborativos con nosotros donde les enseñemos a autocontrolarse, actividades que les relajen como los juegos de olfato o los masajes, en definitiva aplicarnos en socializar a nuestro perro y proporcionarle estimulación mental y física.

Ante la duda deberías acudir a un profesional, un educador canino o adiestrador que en colaboración con tu veterinario te ayude a  equilibrar a tu perro y ofrecerle estrategias de autocontrol, relajación y de gestión emocional.

Puedes encontrar más articulos relacionados con el estrés a continuación:

El estrés en perros (parte I). Doogweb.

El estrés en perros (parte II). Doogweb.

Aprende a gestionar el estrés de tu perro. Guauf.

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