La correa es lo que te une a tu perro.


Las correas de cada uno de los perros que he tenido colgadas en el patio.

Las correas de mis perros colgadas en el patio.

Muchos ven en la correa una forma de mantener a un perro bajo control. Otros dicen que la correa resta libertad al perro. Yo lo veo como una herramienta de comunicación y de seguridad para mi perro. Además un perro bien educado que sabe caminar con correa, seguramente te lo llevarás a más sitios y disfrutará de más y mejores paseos. Para mí existen dos razones principales para no llevar al perro suelto:

  1. Por su seguridad, principalmente por el tráfico. Y muchos diréis: “Si son muy listos, si aprenden a cruzar por los pasos de peatones, si los perros rusos saben hasta viajar en metro“. Y yo os digo que los humanos también saben cruzar y cada año fallecen unos 135 peatones. No me apetece vivir esa situación con mi perro pudiendo evitarla tan fácilmente.
  2. Por respeto hacia los demás. Recuerda que tener perro es tu elección y no debes imponérsela a nadie por muy educado que esté tu perro.

Evidentemente me refiero al contexto de una ciudad, donde los espacios verdes son pocos y, por desgracia, restringidos a los perros en la mayoría de los casos. Quede claro que opino que los perros deben poder correr sueltos con asiduidad, pero ha de hacerse en espacios habilitados o en el campo, donde hay espacio para ello. Dicho ésto, los perros deben saber ir de la correa y es nuestra responsabilidad educarles para que así sea y se sientan cómodos con ella.

La correa introduce un nuevo medio para comunicarnos con nuestro perro que a menudo la gente obvia o utiliza mal. Yo lo veo como cuando de pequeños echábamos carreras por parejas unidos por un pie con una cuerda: la pareja ganadora no era la compuesta por los más rápidos, sino por los que, además de rápidos, mejor se coordinasen. Por eso cuando veo a la gente pegando tirones o usando la correa para golpear a su perro me entristezco mucho: no sólo no existe coordinación, sino que no existe una relación en absoluto.

El manejo de la correa y cómo comunicarnos a través de ella con nuestro perro y él con nosotros requiere de práctica, pero hoy sólo nos centraremos en los tipos de correa más apropiados y dedicaré una especial atención a la correa más popular pero más inadecuada del mundo: la correa extensible o “flexi” (la marca más conocida).

La correa extensible se ha popularizado tanto que raro es el propietario de perro que no haya comprado una alguna vez. Yo de hecho tengo dos -metidas en el fondo de un cajón, por supuesto-. No imagino peor regalo que hacerle a un perro y su propietario. Se ha escrito ya mucho sobre porqué no utilizar éstas correas, puedes leer unas cuantas razones aquí. Para mí hay varios motivos importantes para no usar flexis:

  1. El mango con el mecanismo ya suponen per sé una enorme distorsión en la comunicación con tu perro. Como sencillamente le “das carrete” no sabes si está tirando, ni hacia dónde tira, ni si se aleja despacio o rápido.
  2. Tanto si son de cordón como si son de cinta, los “flexis” suponen un riesgo de quemaduras tanto para el que los maneja como para los demás usuarios de la calle o parque (incluido el propio perro). En muchas ocasiones son un estorbo: el humano charlando con alguien o por teléfono mientras el perro está al otro lado de la plaza o calle cortando el paso con la cinta; ¿te suena?
  3. El mecanismo de las “flexis” hace que la cinta o cordón siempre estén en tensión. Nuestro perro se acostumbra a esa tensión por lo que suelen tirar más de la correa incluso cuando ésta ha llegado al final. Además, si decides deshacerte de la flexi por una correa normal, te costará más hacerle entender que debe caminar sin tensión en la correa.
  4. Los ruidos que producen éstos artilugios son variados: desde el “clack” seco y contundente de “has llegado al final de la correa chato”, al sonido carraca “ra-ta-ta-ta-tá” de “uys que te me escapas y no atino a darle al botón”. Para mí son muy desagradables, pero más importante aún es lo fácilmente que esos sonidos se pueden asociar, mediante condicionamiento clásico, al contexto en que se producen. Por ejemplo, un perro reactivo echa a correr al ver un perro a cierta distancia, el dueño no se da cuenta y al llegar al final “clack!”; tirón de cuello, susto del propietario, esfuerzos por “pescar” al perro, etc. La misma situación, pero el propietario reacciona a tiempo y “ra-ta-ta-ta-tá”: tirón de cuello, susto del propietario, esfuerzos por “pescar” al perro, etc. ¿Véis dónde voy? En cuanto se repita dos veces ésta situación tendremos un perro que cada vez que oiga el “clack” o la carraca se pondrá en guardia buscando un perro en la distancia. Estrés, refuerzo de una conducta antisocial… y todo por usar una herramienta inadecuada de forma incorrecta. El mismo tipo de asociaciones pueden darse en un perro miedoso, por ejemplo, si echa a correr por que algo lo ha asustado; cada vez que escuche un “clack” o la carraca rememorará esa emoción de miedo. ¡Y ni os cuento si al dueño se le escapa el “flexi” con el tirón y éste “persigue” al perro!

    El colmo de las correas extensibles: la gadgetocorrea. Un trasto del que te cansarás en dos días. Hazte un favor (y a tu perro también) y compra una más simple.

Las mejores herramientas suelen ser las más sencillas, creédme. Algunos compañeros se fabrican las correas con cuerdas de escalada y mosquetones. Así puedes hacerte correas únicas y exclusivas y bastante económicas. Pero en el mercado hay muy buenas opciones que tampoco están mal de precio.

Lo ideal es que la correa tenga unos 3 metros de longitud, sin nada más que un mosquetón en un extremo con el que engancharla al arnés o correa de tu perro. Yo las prefiero planas por que me resulta más cómodo manejarlas, otros las prefieren redondas. Lo importante es que sean ligeras y resistentes, fáciles de limpiar y revisarlas a menudo para ver si se han deteriorado. El mosquetón también es importante, debe ser de un tamaño acorde con el del perro y con las argollas de su collar o arnés (por experiencia os digo que las argollas pequeñas se sueltan con una facilidad pasmosa de los mosquetones grandes); el mosquetón debe ser de calidad, con resbalón para que sea más fácil ponerlo y si lavas las correas recuerda engrasarlos un poquito. Al otro extremo de la correa puedes hacer un simple nudo para saber cuándo llegas al final de la misma o una lazada para sujetar la correa a tu muñeca; depende de los gustos y del tipo de perro que tengamos (con perros miedosos o escapistas vale hasta atársela a la cintura). También existen correas multiposición con varias argollas y un mosquetón en cada extremo para poder ponértelas alrededor del cuerpo a modo “manos libres”; éstas las uso si voy a andar largas distancias con mi perro atado, o en ciudad para ir a hacer compras con mi perro, por ejemplo, o cuando llevo varios perros a la vez. Para dar un paseo relajante con tu perro y dejarle olisquear a gusto, una correa de entre 3 y 5 metros es la ideal.

Trailla de nylon de 10m para entrenar la “llamada” con seguridad. La de abajo es la correa de Luca: cuero suave de 3m.

Correas de nylon para adiestramiento de 3 y 5 metros. La de arriba es para perros de menos de 20kg (más estrecha y con el mosquetón más pequeño). Las otras dos para perros más grandes, una de ellas con goma entretejida para mejorar el agarre y evitar quemaduras o “escapes”.

Las correas multiposición permiten usar la misma correa con tres longitudes distintas en función de dónde enganches el mosquetón. Puedes llevarla a la cintura en modo “manos libres”, lo más cómodo si tienes o paseas más de dos perros.

Evidentemente ir con éstas correas requiere de tu atención para manejarlas; ir en corto a mi lado hasta el parque, por ejemplo, y una vez allí le doy correa y le voy siguiendo mientras olfatea y explora, siempre con la correa floja, pero evitando que caiga por debajo del codo del perro para que no se la enrede entre las patas. Ya no sirve ir chateando con el móvil, tienes que pasear con tu perro y estar pendiente, recogiendo y dando correa, observando su lenguaje e invitándole a seguirte simplemente cambiando el peso de tu cuerpo en lugar de dar un tirón. No sabéis hasta qué punto es relajante pasear así con tu perro. Una vez lo probéis, quemaréis todas las flexis que os encontréis por casa.

¿Os he convencido? ¿Cuál es vuestra correa favorita?

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